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Utilizar las palabras correctas para educar a tus hijos

El poder de las palabras ¿Quieres que educar a tu hijo/a para que crezcan fuertes y libres?

 

Tenemos titulaciones, cursos, formaciones, grados, postgrados, tutoriales para hacer prácticamente cualquier cosa, sin embargo hay una carrera muy importante para la que no existe certificación, la carrera de ser padres. ¿Dónde se aprende a educar a los hijos/as? ¿Cómo saber si estas progresando adecuadamente o necesitas mejorar alguna área? Y si estamos en la sociedad de la información ¿Por qué no buscamos asesoramiento y formación para mejorar nuestra función paterna o materna?

Si tuviéramos que diseñar una formación reglada para desempeñar esta función podríamos debatir extensamente sobre que conocimientos incluir, ¿Qué criterios mínimos debe conocer un padre o madre? Nos exigimos demasiado y en ocasiones olvidamos los principios fundamentales. Pues bien en la universidad de ser padres y madres hay una asignatura troncal universal que se repite año tras año, sobre la que debemos estudiar, observar y llevar a la práctica con absoluta delicadeza, es la de ser IMPECABLES CON NUESTRAS PALABRAS.

¿Por qué es tan importante cuidar nuestras palabras?

Las palabras son mágicas, crean realidades. Supongamos que la mente humana es un jardín en el que continuamente se están plantando semillas, pues bien tu plantas un pensamiento a través de palabras y este a lo largo de los años va creciendo. El único inconveniente es que con demasiada frecuencia es fértil para las semillas de las limitaciones y el miedo. “Tu no puedes…” “Lo has hecho mal otra vez…” “Te vas a caer” “No juegues así…”

Esto es muy fácil de entender, ¿recuerdas tu etapa infantil? Tus padres, abuelos, hermanos mayores expresaban sus opiniones sobre nosotros sin pensar, nosotros como niños nos creíamos los que nos decían y vivíamos con el miedo que nos provocaban sus opiniones. “Tu no sirves para estudiar” “Tienes la espalda mal” “Mira que niña tan mala” y tu te lo crees, lo siguiente es que tu mente sólo se va fijar en evidencias que justifiquen esa creencia, gracias al sistema de activación reticular de nuestro cerebro. Se establece un acuerdo en nuestro cerebro que será difícil de romper por que aunque estudies muy bien, tengas la espalda de bailarina o tu comportamiento sea impecable, el poder de las palabras ya formó la creencia contraria. Tu parte consciente luchará con la subconsciente durante años en una guerra sobre aceptación y juicio constante, hasta llegar a entender qué esta pasando y dónde se origino todo esto. Ahora que sabemos cómo va la historia, podemos hacer algo distingo con nuestros hijos, gracias a nuestra experiencia.

¿Cómo puedo cuidar mis palabras?

Primero de todo prestando atención a tu discurso interno, lo que estas diciendo a tus hijos es un reflejo de tus miedos más profundos. ¿Duele leerlo? Esta en tu mano romper estas creencias y ser totalmente impecable con tus palabras. Para ello debes tomar conciencia que no estas protegiendo cuando etiquetas comportamientos sino que estas plantando las semillas del miedo y cada vez que repites una palabra sobre el tema la estas regando.

¿Quieres que tu hijo crezca fuerte y libre? Se impecable con tus palabras.

Las palabras captan nuestra atención, entran en nuestra mente y cambian por entero, para bien o para mal, nuestras creencias. Cuidar tus palabras significa utilizar tu energía correctamente, en la dirección de la verdad y del amor por tus hijos, dejando que tus miedos no entren en tu vocabulario. Hacemos un mal uso de las palabras y así perpetuamos miedos y limitaciones, perjudicando el desarrollo de nuestros hijos. ¿Qué hay detrás de todo esto? Nuestros miedos traducidos en exceso de control, preocupación continua y estrés.

Ya lo sé, quieres lo mejor para tus hijos, sólo tratas de proteger y lo estas haciendo lo mejor que sabes. Este es un camino de aprendizaje continuo, así que te animo a que sigas explorando, observando tus palabras y mejorando día a día, sin juzgarte por lo que has hecho y dando atención al momento presente, sobre el que puedes actuar siendo absolutamente impecable con tus palabras. Una mentira repetida cien veces se convierte en realidad.
Los efectos de las palabras, un ejemplo del libro “Los cuatro acuerdos”

Los cuatro acuerdos Miguel Ruiz LibroMiguel Ruiz, médico mexicano en el libro “Los cuatro acuerdos”, hace una exposición brillante de los acuerdos que debemos llevar para el equilibrio que nos llevará a la felicidad. ¿Sabéis cual es el primer acuerdo? “Ser impecable con tus palabras”. Esta lectura es muy recomendable para padres y madres que les guste entender, profundizar y manejar más recursos en su día a día.

Pues bien en el libro, Miguel Ruiz pone como ejemplo como una vez había una niña inteligente y de corazón alegre, su madre por supuesto la adoraba. Una noche llegó a casa después de un duro día de trabajo, muy cansada, tensa y con un terrible dolor de cabeza. Quería paz y tranquilidad, pero su hija saltaba y cantaba alegremente. No era consciente de cómo se sentía su madre; estaba en su propio mundo, en su propio sueño. Se sentía de maravilla y saltaba y cantaba cada vez más fuerte, expresando su alegría y su amor. Cantaba tan fuerte que el dolor de cabeza de su madre aún empeoró más, hasta que, en un momento determinado, la madre perdió el control. Miró muy enfadada a su preciosa hija y le dijo: “¡Cállate! Tienes una voz horrible, deja de portarte mal. ¿Es que no puedes estar quieta?.

Lo cierto es que, en ese momento, la tolerancia de la madre frente a cualquier ruido era inexistente; no era que la voz de su hija fuera horrible. Pero la hija creyó lo que le dijo su madre y llegó a un acuerdo con ella misma. Después de esto ya no cantó más, porque creía que su voz era horrible y que molestaría a cualquier persona que la oyera. En la escuela se volvió tímida, y si le pedían que cantase, se negaba a hacerlo. Incluso hablar con los demás se convirtió en algo difícil. Y así la niña se creyó que debía reprimir sus emociones para que la aceptasen y la amasen.

Siempre que escuchamos una opinión y la creemos, llegamos a un acuerdo que pasa a formar parte de nuestro sistema de creencias. La niña creció, y aunque tenía una bonita voz, nunca volvió a cantar. Desarrolló un gran complejo a causa de un hechizo, un hechizo lanzado por la persona que más la quería: su propia madre, que no se dio cuenta de lo que había hecho con sus palabras. No se dio cuenta de que había utilizado magia negra y había hechizado a su hija. Desconocía el poder de sus palabras, y por consiguiente no se la puede culpar. Hizo lo que su propia madre, su padre y otras personas habían hecho con ella de muchas maneras diferentes: utilizar mal sus palabras.

¿Cuántas veces hacemos lo mismo con nuestros propios hijos? Es el momento de prestar atención y cuidar nuestras palabras. Cada paso nos hace crecer, aunque sean dos milímetros, darnos cuenta de lo que estamos haciendo ya es una forma de tomar conciencia.
La lengua no tiene huesos pero es lo suficientemente fuerte como para romper un corazón. CUIDA TUS PALABRAS

Gracias por leernos y compartir.

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